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Cambio climático
Colombia está quedada en sus metas de generar energía con el sol y el viento y esa tarea es urgente. ¿Por qué? Aquí le explicamos.
Autora: Paula Bedoya
04 de marzo de 2026
Colombia tiene viento, sol y agua en abundancia, pero estamos joches (quedados) con la metas que tenemos en la generación de energía con esas fuentes renovables. Cumplir esas metas es urgente para diversificar la matriz eléctrica, vital para no quedarnos sin luz, ni depender tanto del agua o la lluvia, que cada vez es más escasa, para generar energía.
A través del Plan 6G Plus, el gobierno nacional fijó la meta de incorporar 6 Gigavatios nuevos de capacidad de generación con proyectos de energía solar y eólica para 2026. Este objetivo es la piedra angular para reducir la vulnerabilidad del sistema eléctrico ante fenómenos climáticos extremos como las sequías por el Fenómeno de El Niño.
El país ha avanzado en algunas cosas, por ejemplo:
Capacidad Instalada en Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER): El país ha pasando de una participación marginal de la generación de energía con sol y viento a un nivel que se proyecta cercano al 13,87% a finales de 2025, según datos del Ministerio de Minas y Energía.
Cumplimiento en gigavatios (GW): A septiembre de 2025, Colombia ya ha incorporado cerca de 3,1 GW de energía solar y eólica. Esto representa más del 50% de la meta establecida para 2026, todavía faltan 2,9 gigavatios por ingresar en 2026.
Dato curioso: La energía solar es protagonista. El 60% de esa energía ya entregada es solar porque, entre otras cosas, es más rápida de instalar y poner en marcha.
Pa’ que no les suene en chino, la matriz eléctrica es como una canasta llena de cosas (fuentes) de donde sacamos para generar energía eléctrica.
Según XM, el administrador del mercado eléctrico, en el tercer trimestre de 2025 estas fueron las fuentes de energía:
Pero eso tiene algunos riesgos. Por ejemplo, generar la mayoría de la energía con agua depende mucho del clima y eso es muy impredecible. La generación térmica aunque es más confiable, tiene impactos ambientales y los precios de los combustibles que usan las plantas puede afectar los precios de la energía. Y las energías renovables, aunque son limpias, pueden tener intermitencias en la generación si no hay buena infraestructura para almacenarla.
Aunque se ha superado la mitad del camino, la energía que falta se concentra en proyectos más grandes y complejos, que tienen obstáculos para avanzar.
Algunos de esos obstáculos son:
Cuello de botella en la transmisión y conexión
El principal freno no es la inversión en parques de fuentes de energías renovables, sino la capacidad de la red para recibir y entregar toda esa nueva energía. Aquí algunos puntos clave:
Infraestructura insuficiente: Los nuevos proyectos, ubicados estratégicamente por ejemplo en La Guajira, no cuentan con suficientes líneas y subestaciones disponibles para conectar la energía generada a los centros de consumo.
Puntos de conexión: La Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) y la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) han tenido que intervenir para liberar y reasignar puntos de conexión que estaban reservados para proyectos sin viabilidad técnica, en un esfuerzo por desempantanar el proceso.
Atraso de proyectos estratégicos: El proyecto de transmisión Colectora, vital para llevar la energía eólica de La Guajira al centro del país, es el ejemplo más crítico. Aunque ha superado más de 200 consultas previas, su avance general, aunque significativo (cercano al 81%), sigue siendo determinante para el ingreso de esa energía eólica.
Sacar los permisos sociales y ambientales
La Guajira tiene el mejor potencial eólico de América Latina, con capacidad estimada para sumar más de 30 GW al sistema eléctrico nacional. Sin embargo, el avance allí es mínimo.
Retrasos comunitarios crónicos: Muchos proyectos eólicos están detenidos o han sido cancelados (como los casos de EDP Renewables y Enel) debido a la complejidad en las consultas previas y a la negociación de la licencia social con las comunidades étnicas (especialmente la wayuu). La falta de una ley de consulta previa eficiente y la alta conflictividad social en la región representan una barrera compleja para el desarrollo de estos proyectos.
Riesgo de pérdida de inversión: Las demoras en los permisos y las dificultades sociales no solo frenan los gigavatios de nueva energía, sino que ponen en riesgo miles de millones de dólares en inversión privada que el país necesita para tener un sistema eléctrico confiable.
Riesgos en la generación de energía con renovables
A pesar de los avances con las renovables, la composición de la matriz sigue siendo muy vulnerable:
Por el clima: La alta participación de energía hidroeléctrica pone al sistema en riesgo de escasez y de altos precios durante épocas de sequía (El Niño), lo que obliga a depender de la generación térmica que es más costosa.
** Necesidad de firmeza:** Para equilibrar la intermitencia de la energía solar y la eólica, Colombia requiere urgentemente fuentes de energía que garanticen energía constantemente. Para eso, toca modernizar las plantas térmicas y asegurar el abastecimiento de gas natural (el combustible fósil más limpio), meterle la ficha a tecnologías de almacenamiento (baterías) y acelerar la política nacional de hidrógeno, que está comenzando a impulsarse como estrategia de respaldo de largo plazo.
La transición ya no es un debate sobre el "qué", sino sobre el "cómo" y el "cuándo". El país necesita transformar la velocidad de su gestión, por ejemplo, acelerando trámites de los grandes proyectos con energías renovables, eso es responsabilidad de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA).
También hay que invertir en redes de transmisión y subestaciones para que la energía llegue a todo el país. Los retos no solo son técnicos, también hay que crear mecanismos transparentes que aseguren que las comunidades sean socias del desarrollo y reciban beneficios tangibles.
El país debe construir un sistema equilibrado donde el agua, el sol, el viento y otras fuentes de energía (de respaldo) trabajen de manera óptima para garantizar que la transición se haga sin comprometer la confiabilidad y la seguridad del suministro eléctrico. Pa’ no apagarnos o que el servicio empeore, básicamente.
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